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Junio de 2018 Página 1 de 2

De la producción de envases a la producción automotriz

Por: Verónica Alcántara, corresponsal en México

Thermofluidos es un caso de éxito mexicano en innovación y crecimiento, que le ha apostado a la inversión en tecnología para acceder a mercados más especializados.

Thermofluidos es una empresa mexicana que en los últimos tres años ha crecido un 30%, con capacidad de fabricar 4 millones de envases plásticos y 3 millones de piezas de inyección mensuales. Ahora, ha adquirido tecnología de punta para expandirse a nuevos mercados, incluido el automotriz.

La compañía nació de la necesidad de Raloy, fabricante de lubricantes automotrices, de contar con un proveedor confiable de envases para sus productos y con capacidad para suministrarles diferentes tamaños, diseños y colores, con entregas puntuales. Fue así que en 1989 Jorge Humberto Loya decide fundar Polyprocesos, que en 2011 cambia su nombre a Thermofluidos.

La misión era satisfacer en principio la demanda de envases plásticos de 1 a 5 litros para Raloy, pero poco a poco se fue haciendo de más clientes gracias a que se convirtió en un proveedor muy versátil, capaz de surtir envases de diversas formas, volúmenes y colores con excelente calidad, servicio y precio.

Sus operaciones comenzaron con una sola máquina sopladora para fabricar envases de 1 litro, pero en poco tiempo adquirieron más máquinas hasta llegar a envases de 5 litros. Después se hicieron a máquinas inyectoras y foliadoras para producir tapas con foil y entregar un servicio completo a sus clientes.

Hace 15 años, con la llegada de Andrea Loya al área directiva, la compañía comenzó a dar un giro para prepararse hacia los nuevos tiempos de competencia global, de tal manera que se inició una nueva etapa en Thermofluidos, y con ello se renovó toda la infraestructura que había en ese momento.

Actualmente sus principales clientes están en la industria de lubricantes, productos de limpieza y agroquímicos, pero con la adquisición de nueva tecnología están ampliando sus capacidades técnicas para explorar mercados como el de la industria del juguete, jardinería y partes automotrices.

“Lo que buscamos ahora ya no es solo encaminarnos en el mercado de los envases, sino diversificarnos con cualquier otro producto que sea plástico (…) Tenemos propuestas para empezar a incursionar en piezas de plásticos de ingeniería para la industria automotriz”,

comenta Andrea Loya.

En esos nuevos mercados, según explica, se pueden generar relaciones comerciales mucho más sólidas y de largo plazo, más que en el mercado de los envases, donde en muchas ocasiones pesa más el precio que la calidad. De ahí que busquen migrar hacia nichos que les permitan explotar sus capacidades tecnológicas y de calidad.

Además, desde hace 11 años Thermofluidos cuenta con la certificación ISO 9001:2008 y ya está en proceso de certificarse en la versión 2015, y si bien para ser parte de la cadena automotriz no le requieren la TS16949 al no ser proveedora de primer nivel, no descarta entrar en un proceso de certificación de ésta gracias a que cuenta con la infraestructura y capacidad para hacerlo.

Pasión por el servicio

En los últimos tres años la compañía ha crecido 30% y este año esperan crecer 15% más, lo que se debe a decir de Andrea Loya, a su “pasión por la calidad y el servicio”, puesto que siempre están buscando cómo mejorar sus procesos, los envases, el desempeño de los mismos, las materias primas, y por supuesto, la tecnología. De hecho, además de las certificaciones, han implementado la mejora continua y metodologías como TPM, 5S y lean manufacturing.

“Al final este crecimiento ha sido un conjunto de varias cosas: una, de las inversiones; dos, de abrirnos hacia nuevos mercados y eso nos ha dado la pauta para visualizar nuevas tendencias y nuevos mercados, eso creo que ha sido lo principal, y por supuesto hemos sabido aprovechar y explotar la nueva infraestructura que hemos adquirido”, asegura Fernando Rodríguez García, gerente de la planta, que está en Santiago Tianguistenco, Estado de México.

La planta trabaja 24 horas al día, los 365 días del año con tres turnos. Todos sus procesos están totalmente automatizados, desde que llega la materia prima hasta que los envases están listos para empaquetarse.

Hace poco la compañía adquirió una máquina sopladora alemana 100% eléctrica. “En esa máquina podemos hacer bidones de 20, 25 y 30 litros, y traemos una ventaja competitiva en cuanto al peso. Es tecnología alemana, es un molde que compramos en Alemania y además tiene un sistema que se llama antiglug, con el cual se puede vaciar el bidón en menos de un minuto sin salpicar”, detalla Andrea Loya.

Este bidón, aunque está fabricado con tecnología alemana, es un envase desarrollado en México. Es el producto estrella, ya que su desempeño es superior comparado con los bidones que hay en el mercado: se puede apilar, es antiglug, y su peso es menor a los que actualmente se pueden encontrar en el mercado.

“Con ese peso podemos garantizar la misma calidad y mejor desempeño, capacidad, esfuerzo, todo, y con un precio muy competitivo”, dice Fernando Rodríguez.

Adicional a esto, la máquina eléctrica les ha generado ahorros de 25% en consumo eléctrico comparada con una máquina hidráulica convencional. Asimismo, realiza movimientos más rápidos y precisos, brindando mayor estabilidad dimensional y menor costo de mantenimiento.


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