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Noviembre de 2018 Página 1 de 2

Plásticos para empaques: retos ambientales y legislativos

Por: José Pulido, redactor técnico

El panorama actual presenta un camino marcado por las prohibiciones para muchas piezas plásticas de un solo uso y un mercado global de reciclaje en recesión.

El más reciente informe de la revista Citi GPS, del grupo financiero Citi, expone una visión detallada del complejo efecto del consumo de plásticos, en particular de empaques, en un contexto global a nivel de sociedad, gobierno y ambiente. Retomando varios puntos clave de dicho informe, en el presente artículo se revisará el problema que supone el consumo de plásticos de un solo uso y las medidas gubernamentales que se han tomado para afrontarlo.

¿De dónde vienen los empaques plásticos?

Aunque la producción de materiales plásticos se puede remontar a la segunda mitad del siglo XIX, solo fue hasta la posguerra en que las compañías farmacéuticas desviaron su atención de las aplicaciones industriales y militares para colocarla en los consumidores y en sus necesidades de la vida diaria. En esa coyuntura emergieron productos plásticos como recipientes plásticos para comida, bolsas de almacenamiento hermético, bolsas de basura y botellas plásticas para spray, que revolucionaron la forma de ver los productos para el hogar y, en muchos casos, relegaron materias primas tradicionales como el papel, vidrio, metal y otras más a un segundo renglón.

Este recambio de materiales se puede ver en ejemplos como el reemplazo de las bolsas de papel kraft por film de LDPE, o de las botellas de vidrio por los recipientes de HDPE y botellas de PET. Este efecto se ha visto claramente en el mercado y en la producción de materiales plásticos, al mostrar un crecimiento de 8 % ponderado anual desde 1950, llegando a un total de alrededor de 400 millones de toneladas en 2017. Con esta cifra, la industria conforma un mercado de más de un billón de dólares (a 2016) y su expectativa de crecimiento neto hasta 2020 es de 20 %.

Además de ser un fenómeno económico y cultural, los plásticos cuentan con características innegables que los anteponen a otros materiales. Producir piezas en materias primas tradicionales puede llegar a requerir 82 % más energía y mayores costos de transporte que los plásticos; y el peso de tales sustratos alternativos puede ser hasta 3,5 veces mayor, con una relación entre resistencia y peso considerablemente más baja que los plásticos.

Ante este panorama, es difícil pensar en alternativas para el reemplazo de los materiales plásticos en los diversos mercados en los que se encuentran, pero hay dos cualidades adicionales que resultan ser beneficiosas y problemáticas a la vez: su bajo costo y su durabilidad. En primer lugar, su poco valor monetario y su baja tasa de reciclaje hacen que la rentabilidad por tonelada de material reciclado sea más baja que materiales como, por ejemplo, el aluminio. En segundo lugar, está el hecho de que la mayoría de plásticos de consumo pueden tardar de 500 a 1000 años en degradarse, además de que sólo el 14 % termina siendo reciclado, con lo que el 86 % pasa a ser un desecho. La consecuencia de esto, además de crear depósitos de basura con montañas de plásticos, incluye también daños a la fauna por consumir estos elementos y problemas de salud pública tanto a nivel de inoculación de enfermedades, como de problemas en el manejo de cuerpos de agua por acumulación de plásticos (como ocurrió en Bangladesh en la década de 1990).

En concreto, cerca de 150 millones de toneladas de empaques plásticos son desechados cada año y el empaque constituye, a su vez, el tipo de producto plástico con mayor volumen de residuos, seguido por textiles y productos de consumo. Entre tales productos, aquellos que solo reciben un solo uso antes de ser desechados merecen especial atención. En este grupo están, por ejemplo, las botellas en PET para bebidas, las cuales son producidas en más de 500 mil millones de unidades anuales y son el quinto elemento más común encontrado como basura en el océano.

Aunque el PET tiene un potencial de reciclaje alto, de toda la producción se recicla solo el 34 % entre los países de la OCDE y un porcentaje menor entre las naciones restantes. De la misma manera están las bolsas plásticas, que pueden sumar hasta un billón de unidades anuales y son el segundo elemento más común entre la basura encontrada en el océano (superado solamente por colillas de cigarrillos, hechas también de plástico: el acetato de celulosa). La tasa de reciclaje en este caso es mucho menor que en el caso anterior, apenas del 7 % en mercados como el estadounidense. Uno de los puntos clave para este hecho radica en la alta dificultad de reciclar bolsas plásticas, debido a su baja rigidez, para la cual están más preparados los centros de reciclaje.


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