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Abril de 2018 Página 1 de 3

Reynera S.A. consolida su permanencia en el mercado a través de tecnología confiable

Por: David Luna, director editorial para México

La compañía opera con tecnología de punta para la manufactura de una gran diversidad de productos plásticos enfocados al ramo de la limpieza.

A un siglo de su fundación, el fabricante de productos de limpieza Reynera está preparando su próximo gran salto: La construcción de un gobierno corporativo que garantice su permanencia en el mercado a partir del uso de tecnología confiable y de empleados altamente especializados y enfocados en el mercado final.

Aún no concluía la guerra revolucionaria en México cuando Pedro Treviño tomó la decisión de iniciar una empresa dedicada a la fabricación de escobas en Monterrey, Nuevo León. Así es como, en 1918, comienza la historia de Reynera, empresa emblemática de la región que hoy emplea a casi 1.000 empleados y opera con tecnología de punta para la manufactura de una gran diversidad de productos plásticos enfocados al ramo de la limpieza.

Hablar de empresas de 100 años en México no es fácil; estudios de escuelas de negocios como el IPADE muestran lo difícil que es dar el paso a la tercera generación y su consolidación en los mercados, pero en Reynera S.A., una empresa completamente mexicana, encontraron el camino.

“Cuando inició la primera planta de escobas en 1918 teníamos una capacidad de producción de 10 docenas al día”, explica Jorge Treviño, actual presidente del Grupo y líder de la tercera generación. “Desde 1923 mi abuelo empezó a participar en ferias de la industria en Estados Unidos, en ciudades como El Paso, Texas, y San Luis, Missouri”; y así fue como, en 1924, Reynera se convirtió ya en una empresa exportadora, al empezar a vender sus productos en el vecino país del norte”.

Evolución

En el transcurso de la primera generación, al mando de Pedro Treviño, Reynera producía básicamente escobas de mijo, aunque ya con esa visión exportadora que lo caracterizó desde un inicio. No obstante, ya para la segunda generación de la empresa, encabezada por los hijos Pedro y Américo Treviño, comenzaron a incorporar procesos más adaptativos pues empezaron a surgir algunas barreras arancelarias. Comenzaron entonces con la fabricación de materias primas para empresas estadounidenses, un proceso que comenzó en 1958 y se extendió a la década de los 80. “Básicamente se trataba de espiga procesada, la cual se cosechaba en México y se preparaba con un alto contenido de mano de obra. Se seleccionaban según su largo y sus dimensiones en general, se procesaba en pacas y se agregaban los mangos de madera”.

Para el actual directivo de la firma asentada en Cadereyta Jiménez, Nuevo León, esto fue un paso crucial porque aunque en apariencia tuvieron que dar un paso atrás en su modelo de negocio tuvieron la capacidad de adaptarse a las circunstancias.

Con el arribo de la tercera generación, Jorge Treviño tomó las riendas y su primera decisión fue hacer un análisis FODA. “Llegamos a la conclusión de que íbamos a morir en cierto tiempo porque ser mono productor no nos llevaría muy lejos. Desde mediados de los 80 ya habíamos entendido que necesitábamos sustituir las escobas tradicionales por cepillos de plástico, así que empezamos a invertir con máquinas usadas y con mucho espíritu y esfuerzo. A mediados de los 90 los tratados de libre comercio firmados por México nos brindaron nuevas oportunidades para competir y favorecieron nuestra iniciativa por la diversificación”.

Ahora, consciente de la necesidad de preparar el cambio para que una cuarta generación tome la dirección de Reynera, Treviño ha convencido a su hermano, hijos y sobrinos de que prepararse para el proceso de transición a través de una preparación profesional, y han comenzado activamente su asistencia a cursos en el Instituto Panamericano de Alta Dirección (IPADE). “Tenemos que partir de la definición precisa de los roles de inversionistas y consejeros, para de ahí tener una visión clara de todo el negocio en el futuro, desde el factor humano hasta la manufactura”.

Diversificación

El proceso de diversificación permitió a Reynera pasar del mijo al plástico y de las escobas una amplia variedad de artículos de limpieza doméstica. Para diseñar su oferta, salieron a mercados europeos, asiáticos y de todo el continente americano, para así entender las necesidades de los consumidores, así como el tipo de maquinaria requerida para la producción de los nuevos enseres de limpieza.

Para Treviño, nunca se trató de descubrir el hilo negro, sino de entender casos de éxito y adecuarlos a su cartera de productos. “No es copiar, sino aprender de otros casos y mejorar las ofertas a partir de análisis de diseño y comparativos. Para nosotros, el desarrollo de los productos parte del entendimiento del mercado y de la generación de valor en el producto. No es hacer cosas baratas. Incluso, muchas veces es lo contrario. Es entrar en tiendas que ofrecen productos con un ticket alto y que esperan ofrecer un valor adicional a sus clientes. Claro, sin desatender mercados tipo one dollar price”.

El presidente de la empresa regiomontana explica que también han ido desarrollando productos conforme a tendencias de mercado, como recogedores de basura con peinetas reversibles, “de éstas Walmart nos compra 60,000 piezas al mes”.


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