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Septiembre de 2019 Página 1 de 5

Tecnología y oportunidades de mercado impulsan el crecimiento de la industria en Norteamérica

Dos áreas en particular generarán importantes oportunidades para los plásticos producidos en esta región: los vehículos eléctricos y los vehículos autónomos.

La industria norteamericana del plástico, liderada por Estados Unidos, está obteniendo este año buenos resultados comerciales. Los indicadores de ventas, ingresos y crecimiento apuntan hacia arriba en un futuro previsible.

Entre los factores que impulsan el crecimiento se encuentran la revolución digital en los controles y la comunicación de las máquinas, que trae consigo avances significativos en las capacidades de automatización y procesos, así como beneficios en la productividad, la economía de fabricación y la calidad; los mercados nuevos y en evolución que generan demanda para las aplicaciones de plásticos; y un ambiente favorable a los negocios en Estados Unidos.

Bajo la presidencia de Donald Trump este ambiente se caracteriza por la reducción de los impuestos federales, el aumento de los gastos del gobierno y la relajación de muchas reglamentaciones onerosas desde 2017.

En este contexto, 100 empresas estadounidenses y 18 canadienses se presentarán en la feria K 2019. Razón suficiente para examinar más de cerca la situación económica y las condiciones del mercado, especialmente para la industria del plástico, en vísperas del evento.

Optimismo económico contenido

Los analistas informan que el producto interior bruto (PIB) de Estados Unidos registró un aumento del 3 % en 2018, frente a 2017, y que debería aumentar de un 2 % a 3 % en 2019. Este aumento representa un crecimiento saludable pero no se considera lo suficientemente alto como para desencadenar inflación, tasas de interés prohibitivas o una ‘exuberancia irracional’ entre los inversores, prestamistas y consumidores, que podría conducir a una contracción económica.

Sin embargo, a juzgar por las previsiones de algunos expertos, los resultados del PIB en 2019 se situarán en el extremo inferior de esa escala. Según The Balance, una publicación online, el crecimiento del PIB de Estados Unidos se reducirá al 2,1 % en 2019, al 1,9 % en 2020 y al 1,8 % en 2021. Las razones se deben a una reducción predecible de la demanda de bienes y servicios que sigue al crecimiento saludable de los últimos dos años, y a los efectos secundarios de lo que la publicación llama la guerra comercial de Trump. Durante esta guerra comercial el presidente impuso aranceles del 10 % a productos de China, por valor de 200.000 millones de dólares (224.000 millones de euros), así como a otros países.

El presidente también gravó con aranceles las importaciones de acero y aluminio, y renegoció el acuerdo comercial con Canadá y México que reemplazará al TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de 25 años de antigüedad. El TLCAN será sustituido por un tratado conocido como USMCA, o el Acuerdo México-Canadá.

“También observamos que los productores estadounidenses respondieron a la reducción de la competencia de importación subiendo sus precios”,

informan los economistas de la Reserva Federal.

El impacto de los aranceles sobre el acero y el aluminio ha sido, en general, beneficioso para los balances generales de los productores estadounidenses de los metales y costoso para la mayoría de los usuarios finales. El veredicto acerca del éxito del USMCA está todavía pendiente. Aunque ha sido firmado por los líderes de Estados Unidos, Canadá y México, el tratado debe ser confirmado por las legislaturas de cada país antes de su entrada en vigor. Está en juego un billón de dólares (1,12 billones de euros) provenientes del comercio anual entre los vecinos.

Otra preocupación creada por los aranceles a China y otros países es su coste para los consumidores estadounidenses. Este se refleja en la reducción de la disponibilidad de los productos, el aumento de los precios de los productos nacionales debido a la menor competencia, el traspaso de las sanciones arancelarias por parte de los importadores y las interrupciones en el suministro. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York, por ejemplo, estima que solo los aranceles de China costaron a los consumidores estadounidenses al menos 6.900 millones de dólares (7.700 millones de euros) de ingresos de enero a noviembre de 2018, y posiblemente hasta 12.300 millones de dólares (13.700 millones de euros), en función de cómo se interpreten las cifras.

“Observamos que los aranceles de Estados Unidos se han reorientado casi por completo a los precios internos del país, de modo que la incidencia total de los aranceles cayó sobre los consumidores e importadores nacionales [...] sin ningún impacto hasta ahora en los precios recibidos por los exportadores extranjeros", informan los economistas de la Reserva Federal. “También observamos que los productores estadounidenses respondieron a la reducción de la competencia de importación subiendo sus precios”, finalizaron.


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