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La ciudad de Los Ángeles nos trae en al mero inicio del año la primera prohibición de 2014, una que no debemos desestimar pues puede ser el detonador de muchas otras.

Ayer, primer día del Año Nuevo, entró en vigor la prohibición a las bolsas de plástico para acarreo en los autoservicios de una ciudad que en muchos aspectos es emblemática para todos, al nivel mundial, Los Ángeles, California.

La medida, que fue aprobada en el cabildo municipal hace seis meses, exige que en ninguna tienda de autoservicio se entreguen bolsas de plástico y que si los clientes piden bolsas de papel, se les cobren 10 centavos de dólar por pieza. Supone que la gente lleve bolsas reutilizables, llamadas “ecológicas”, ya sea las fabricadas con tela de algodón o con telas plásticas como el polipropileno no tejido o las hechas a partir de residuos de PET reciclados.

Días antes de la entrada en vigor de esta medida, la noticia recibió bastante cobertura en los medios estadounidenses, así como en los medios mexicanos y de otros países de América Latina, como si se tratara de un gran logro ambiental de los angelinos.

Yo tengo mis dudas acerca de la efectividad de la misma, sobre todo porque esa sociedad es sumamente heterogénea y no todos los habitantes de dicha urbe van a responder como los políticos pensaron lo harían ante la referida prohibición. Veamos…

Aunque Los Ángeles promedia un ingreso familiar altísimo –más de 64 mil dólares al año con familias de apenas 2.3 miembros, cada una- el coeficiente de desigualdad social no es tan distinto al de urbes latinoamericanas con la Ciudad de México, Sao Paulo, Santiago de Chile o Bogotá, por mencionar a las más grandes y conocidas.

Pensar que todos los angelinos van a poder desembolsar 10 centavos de dólar por bolsa de papel o entre 3 y 10 dólares por una bolsa “ecológica” es una utopía. Seguramente lo podrán hacer los más pudientes, el 20% de la población que concentra casi el 80% del ingreso familiar. Los demás, verán afectados sus bolsillos, sin duda…

No estoy inventando, el coeficiente GINI que mide la desigualdad entre los grupos sociales de mayores y menores ingresos registra para Los Ángeles un valor (0.485) que es similar al de la República Dominicana (0.484) y bastante mayor al de cualquiera de las 16 delegaciones del Distrito Federal (sólo dos están arriba de 0.460 aunque debajo de 0.4774). ¡Difícil de creer! ¿Verdad?...

Los políticos angelinos se han de estar congratulando por la entrada en vigor de esta medida y seguramente no se han puesto a pensar es sus repercusiones. Veamos la historia y verán que tengo razón.

A fines de 2007 se prohibieron las bolsas de plástico en San Francisco con la pretensión de que los consumidores usaran bolsas reutilizables o de papel. La respuesta fue inmediata y las bolsas de papel reemplazaron totalmente a las de plástico porque los consumidores respondieron de acuerdo a su conveniencia y no optaron por las bolsas “ecológicas” y siguieron aceptando las bolsas de un solo uso, aunque ahora de material distinto al plástico y el doble embolsado creció en forma más que palpable.

En San Francisco no se exigía entonces el cobro por las bolsas de papel pero al cabo de dos años se dieron cuenta que el consumo de estas había crecido en forma desmesurada de modo que en las corrientes de residuos se empezó a recibir mucho más papel, aumentando así el costo de su disposición final. Ante esto, se decidió poner una tasa de 5 centavos a las bolsas de papel pero su consumo no ha disminuido porque “la bolsa de un solo uso” sigue siendo la mejor manera para transportar las mercancías de los autoservicios a los hogares.

¿Qué podría ocurrir en Los Ángeles? Primero, que el consumo de bolsas de papel crezca de manera muy importante. Segundo, que el volumen de papel en los residuos sólidos urbanos crezca por igual en forma más que significativa y los costos de su disposición también se incrementen porque los angelinos no usarán las bolsas de papel para contener sus demás residuos sino muchas más bolsas plásticas para basura, hechas con el mismo polietileno de las bolsas que a partir de ayer están prohibidas.

Y ¿qué pasará con la basura marina cuya causa le achacaron a las bolsas de plástico? Nada. Los angelinos seguirán disponiendo de sus residuos de la misma manera que antes, algunos de ellos los tirarán en las calles o en las playas pues la medida no aborda en nada las malas conductas de los consumidores.

Por lo tanto, los beneficiarios de esta prohibición no serán ni los habitantes de Los Ángeles ni el medio ambiente, como tampoco la municipalidad que tendrá que pagar más a los concesionarios para que ahora recolecten y confinen más peso y volumen de residuos al reemplazarse las bolsas de plástico por las de papel. Con esta medida se crea de manera artificiosa un mercado para las bolsas “ecológicas” y se propicia el que los comercios tengan una fuente de ingreso adicional por la venta de las mismas o por el cobro de los 10 centavos por cada bolsa de papel. Así de simple y sencillo…

En América Latina deberemos estar alertas ante cualquier ocurrencia legislativa o de las autoridades ambientales por imitar a los angelinos que no dudo pueda surgir pues a muchos les encanta simplemente copiar lo que se ve en otras partes del mundo.

¡Aguas con las imitaciones! Estemos atentos para prevenirlas.

Feliz Año Nuevo a todos ustedes…

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