¿Cómo incrementar la eficiencia en los procesos de transformación de plásticos?

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De vacaciones en Zihuatanejo, me doy cuenta que mucho hay que hacer y mucho se puede hacer para prevenir la basura marina, en especial la basura plástica.

En el discurso sobre la sustentabilidad de los plásticos hemos preferido no hablar de “basura plástica” sino referirnos a materiales reciclables. Esto es correcto si se trata de los residuos generados en las poblaciones pero no es tan acertado si esos residuos aparecen en el mar donde sí se convierten en “basura marina”.

No hablaré de la “sopa de plástico” en el océano Pacífico que muchos ambientalistas utilizan para condenar a los plásticos y pedir su prohibición. Tampoco hablaré de las tortugas o los delfines presuntamente asesinados por una bolsa de polietileno. Omitir estos dos temas no significa que los ignore sino –más bien- orientar esta charla de café a un asunto en el que podemos “tomar cartas” y actuar -como industriales- para atenderlo debidamente.

Zihuatanejo es un destino de playa modesto pero excepcional. Combina la quietud de una población de menos de 100 mil habitantes con el bullicio de una zona hotelera moderna -Ixtapa- lo cual le da un sabor muy especial que no se encuentra en muchos lugares de México. El turismo de “Zihua” es diferente del turismo de Ixtapa, sus playas igual son diferentes ya que en el primero se aloja una hermosa bahía y en el segundo una extensa playa de mar abierto.

Sin embargo, ambos sitios están expuestos a recibir la basura marina que el océano les regresa, así como la basura que sus turistas y lugareños generan y llega al mar. Recordemos que de acuerdo a estudios realizados en diversas partes del mundo, el 80% de la basura marina se origina en tierra y que una gran proporción de esta proviene de las actividades recreativas más que de la actividad normal de la población del lugar.

En ambos sitios, tanto Zihuatanejo como en Ixtapa, hay una gran conciencia de que el mar es el atractivo que mueve la economía del lugar, su gran riqueza, y que todos deben cuidarlo. Así lo piensan los habitantes y también los prestadores de servicios –hoteles y restaurantes de playa- de modo que entre ambos cuidan que sus playas estén libres de basura –incluida la plástica- y de que no se acreciente por el descuido de aquellos turistas que no respetan las innumerables señales donde se advierte que pongan la basura en su lugar, en contenedores distribuidos a lo largo de las principales playas.

Mantener las playas limpias es una tarea ardua, del diario y de todos. Concientizar al turista es lo más difícil y exige que desde su llegada y durante su estancia se le haga ver que también es parte del esfuerzo, si quiere regresar a disfrutar de los mismos atractivos que está gozando.

El compromiso que las asociaciones de la industria del plástico de más de 40 países firmaron hace años tendría que sumarse a las acciones locales que se llevan a cabo en sitios como Zihuatanejo e Ixtapa, apoyando a las autoridades locales, a la población civil y a los prestadores de servicios para llevar el mensaje a los turistas para que colabore en el cuidado de las playas y en la erradicación de la basura marina, en este caso, de plástico.

Nuestra América Latina es privilegiada por las extensas costas y los innumerables sitios de playa que atraen a turistas de todo el mundo. Si las asociaciones del plástico en la región se unieran para diseñar y emprender proyectos de “Playas Limpias” acordes con las características de cada lugar, el impacto positivo sería mucho mayor y atenderíamos juntos el compromiso internacional que todas firmaron.

Así, en el mar la vida sería más sabrosa, ¿o no?

Saludos cordiales.

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