El que pega primero, pega dos veces

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El Ministerio del Ambiente pretende regular la producción, la distribución, el consumo y el reciclaje de los plásticos aduciendo argumentos ambientalistas muy cuestionables.

El acuerdo publicado el pasado jueves 3 de abril por la Ministra del Ambiente, Lorena Tapia, bajo el título “Políticas Generales para la Gestión Integral de Plásticos en el Ecuador” es una muestra más de los desafortunados afanes de algunos gobiernos de nuestra región por regular todo lo que se pueda y se deje, aunque no se deba, en aras de un ambientalismo mal entendido y mal practicado.

Ahora resulta que en el Ecuador se estimulará la sustitución de los plásticos “tradicionales” por bioplásticos y plásticos degradables como si en ese país -o en el mundo- hubiera suficiente disponibilidad de los primeros para reemplazar a los plásticos derivados de hidrocarburos fósiles o si ya se hubiese resuelto la controversia acerca del impacto ambiental que tienen los degradables y su reciclabilidad. Ambos propósitos suenan lindos pero al momento de confrontarlos con la realidad caen por su propio peso.

Exige a “todo el sector industrial y productivo de materiales plásticos” a “realizar el análisis de ciclo de vida de sus productos” a fin de posteriormente establecer “metas de mejora continua” en los “aspectos e impactos ambientales potenciales asociados”, como si llevar a cabo esos estudios fuese –como decimos en México- enchílame otra. ¿Sabrá la ministra que está exigiendo se hagan decenas de estos análisis, uno por cada tipo de artículo de plástico? ¿Tendrá alguna idea de cuánto cuesta hacer cada uno? Peor tantito ¿Qué hará la ministra si en esos estudios resulta que los plásticos derivados de hidrocarburos son más “amigables con el ambiente” que los que ella pretende los sustituyan?

Una de las múltiples contradicciones del acuerdo está en su artículo 10 donde concede que “los efectos negativos sobre el ambiente dependen de los hábitos y acciones de las personas”. ¿Y si con los bioplásticos o los plásticos degradables persisten esos hábitos? ¿Para qué la sustitución? Ni cómo ayudarla...

La segunda contradicción revela el nivel de desconocimiento en la materia que tiene el Ministerio y las personas que le redactaron el acuerdo. El artículo 12 dice “Fomentar a todo nivel de la economía el reuso o reciclaje de bolsas plásticas en mercados, supermercados y centros de comercio, para lo cual se deben establecer medidas que aumenten el uso de las bolsas reusables así como la reducción del consumo de bolsas plásticas”. ¿Qué no saben que en el Ecuador se reutilizan casi al 100% las bolsas plásticas que se entregan en los comercios? ¿Qué no saben que en los hogares ecuatorianos una bolsa plástica de las que pretenden sustituir evita la compra de bolsas para basura? ¿Piensa que los jefes de familia van a comprar bolsas “reusables” para luego guardar ahí sus residuos domésticos en especial los orgánicos? Pienso yo que quienes redactaron este artículo no salieron a la calle a conocer la realidad de la gente.

En el acuerdo se le dedica todo un capítulo al reciclaje, con tanto detalle que especifica hasta el color con el que se deben identificar los residuos de cada tipo de material plástico. Pero, si la ministra busca que se reemplacen los plásticos “tradicionales” por bioplásticos o plásticos degradables ¿No le dijo nadie que estos no se pueden reciclar mezclados con los demás plásticos? ¿Nadie le advirtió que con la sustitución se venía abajo todo este capítulo?

Ah... Se me pasaba. En el artículo 11 dice que “El Ministerio del Ambiente, como Autoridad Ambiental Nacional, promoverá ante las distintas secretarías e instituciones del Estado competentes, la generación de incentivos y políticas en materia arancelaria a la reducción del uso de los plásticos especialmente los de embalaje, así como el uso de plásticos degradables o compostables en caso de no poder ser reemplazados por otro material amigable al ambiente”. La cita es textual y completa porque tiene varias cosas cuestionables.

En primer lugar, la ministra deja ver que igual se establecerían tasas, cargos o impuestos a los productos plásticos para reducir su consumo. La noticia no es nueva aunque sí de muy dudosa efectividad, sobre todo por lo ocurrido con los envases de PET donde el Ministerio estableció el depósito-reembolso y la hacienda ecuatoriana ha tenido que desembolsar cantidades nada despreciables para pagar la diferencia entre lo recaudado con los fabricantes y lo pagado a quienes “recuperan” botellas usadas pues no se dieron cuenta que con esto estaban subvencionando la importación de residuos de botellas de PET. Si a las bolsas (fundas) le ponen un “incentivo” de este tipo, avísenos para exportar nuestros residuos post-consumo hasta allá...

Otra, en el acuerdo se menciona de manera reiterada el término “amigable con el medio ambiente” que no es otra cosa que una declaración ambiental engañosa, por donde se le vea. Como no define el término, cada quien lo podrá entender y utilizar a discreción. Lo grave es que sea la autoridad la primera en poner el mal ejemplo...

Y así como éstas, hay otras cosas que dejan al acuerdo mal parado ante los ojos de propios y extraños. Lástima, porque algunos de sus contenidos son positivos y encomiables. Si se hubiera limitado a promover criterios de producción y consumo sustentable de los plásticos sin buscar la sustitución o las regulaciones exacerbadas de las diferentes etapas en la cadena de suministro, sería una joya de política en la región latinoamericana que yo hubiera alabado y ponderado sin reserva. Sin embargo, las cosas buenas se echan a perder fácilmente si se mezclan con este tipo de impertinencias (aclaro: porque no son pertinentes a la realidad del Ecuador ni de los plásticos).

Tengo la leve sospecha de que el acuerdo salió de un escritorio del Ministerio hasta el de la ministra sin haberse consultado con la industria ni con otros ministerios. Ya me dirán ustedes, amigos del Ecuador.

¿Qué tiene que andar opinando un mexicano de lo que ocurre en otros países? Nada y mucho. Todo depende del cristal con que se mire. Mi abuela siempre me dijo que yo era muy metiche. Lo acepto. Sin embargo, el mal ejemplo cunde más fácil y rápido que el bueno y espero que mis amigos ecuatorianos y de otros países hermanos estén alertas ante esto y se puedan defender a tiempo.

Saludos cordiales

PD: Igual tengo la leve sospecha de que, después de lo anterior, si solicito visa de negocios para visitar el Ecuador, es probable que me la nieguen. Me queda la posibilidad de que sea de turista.

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