Latinoamérica avante y a contrapelo

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Querido  Eduardo:

Espero que donde estés puedas mirar hacia atrás y lentamente volver a sonreí­r, como siempre lo hací­as. Espero que puedas limpiar de tu recuerdo el dolor y la incertidumbre de los últimos meses, ese mano a mano con la muerte que te desgastó a ti y a tu familia. Espero que poco a poco puedas darte cuenta de que "el gran paso" ya quedó atrás y que ahora puedas volverte a mirar limpiamente la que fue la obra de tu vida.

Ya sabes que no hay nadie para reemplazarte. Ya sabes que ninguna de las personas que te rodeábamos, por capaces y carismáticas, tendrá tu fortaleza, tu simpatí­a, tu capacidad de cautivar a los que te oí­amos para explicarnos con deleite lo que solo tú tan bien entendí­as. Tu inteligencia prodigiosa y, ante todo, tu capacidad de comunicar y de convocar, de explicar y conmover con ejemplos coloquiales y agudos comentarios, no van a ser reemplazadas.

Hoy, que llegó tu momento, quiero honrar ante todo tu pasión por nuestra industria, porque pocos trabajan viviendo de manera tan apasionada lo que hacen. Quiero decirte que no he conocido a nadie que se la haya jugado más a fondo por la industria plástica de México, que haya trabajado hasta con sus últimas fuerzas por liderar, dilucidar y traer prosperidad a nuestro sector.

Recuerdo la última vez que te vi, en el desayuno de Perspectivas de Anipac. Quién de los que te oí­mos hace dos meses podrí­a haber imaginado el viacrucis por el que pasabas, cuando te plantaste con tanta entereza para decirnos: "Plastiqueros, regocijaos porque el futuro es vuestro". Cuando, derrochando la claridad mental y ante todo la gracia que siempre te caracterizó en esta tierra, nos diste una charla magistral e invaluable para mantener la calma en estos momentos de incertidumbre.

Eduardo, te vamos a extrañar. Esta industria te va a extrañar. Espero que puedas vernos desde la paz del otro lado, con la tranquilidad de haber usado tu tiempo de forma tan provechosa. Todos vamos para allá si Dios nos da vida, pero creo que no todos podrán decir, como tú, que su huella será memorable. Gracias por tu vocación, por tu entereza y, sobre todo, por tu alegrí­a. Guardaremos tu recuerdo.

Un abrazo de tu amiga,

Laura

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