¿Qué le espera al sector de envases en 2018?

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Para entender por qué se dice que las impresoras 3D son el motor de la nueva revolución industrial, primero hay que entender qué factores definen a una revolución industrial.

La 1ª revolución industrial ocurre entre los años 1766 y 1850 iniciando en ese año con el invento de James Hargreaves: la máquina de hilar y que luego se potenció con el invento de James Watt: la máquina a vapor.

¿Por qué fue importante? Porque con ese invento se dio paso a la multiplicación de la productividad de los operadores, se creó la primera industria de fabricación en masa y gracias a que el puerto de Manchester tenía todas las conexiones para importar materia prima barata (algodón) y exportar estos nuevos productos comenzó una verdadera revolución.

Pero lo que realmente marcó ese evento como el inicio de la 1ª revolución industrial fueron las grandes migraciones de la población rural a las ciudades en Gran Bretaña y la mejora en la higiene, que se manifestó en la disminución de enfermedades. Se redujo la mortandad, aumentó la expectativa de vida y el bienestar económico llegó a grupos socio-económicos de otras áreas. En resumen, la calidad de vida en Gran Bretaña mejoró considerablemente.

Rápidamente el modelo se expandió a otros países y en los próximos 150 años la población mundial creció enormemente, la expectativa de vida se duplicó y la renta per cápita se multiplicó por 10.

El impacto económico, la expectativa de vida y el crecimiento demográfico fueron los tres factores que definieron a ese fenómeno como una revolución industrial. ¿Pero qué sucede hoy en nuestra era? A partir de este año se estima que las impresoras 3D aumentarán aún más su uso por más y más usuarios. En los últimos tres años los precios de las impresoras 3D y los materiales (plástico) han disminuido en promedio 90%, se están mejorando los procesos de manufactura aditiva y sus aplicaciones y de aquí al 2025 varios procesos de manufactura tradicional serán eventualmente reemplazados, como la fabricación de herramientas, moldes, partes y piezas, generando un impacto económico mundial de entre $230mil y $550 mil millones de dólares.

Por último se espera que en ese año, 2025, la técnica de impresión de tejido humano o 3D Bioprinting ya esté depurado, probado y aprobado por la FDA, lo que también tendría un impacto enorme en la calidad de vida de las personas al poder imprimir órganos humanos para trasplantes.

Si nos fijamos en los tres factores que definieron la 1ª y 2ª revolución industrial: aumento de la población, expectativa de vida y renta per cápita, claramente la impresión 3D están generando un impacto al menos en dos de tres factores, lo que da para pensar que serán estas máquinas las responsables de la próxima revolución industrial; pero esto aún no ha podido ser comprobado y debemos estar atentos a lo que suceda en el corto plazo con esta tecnología.

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