Usar plástico: una necesidad para preservar el planeta

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En días pasados tuve el privilegio de asistir al coloquio del IKV, el Instituto de Procesamiento de Plásticos en Aachen (Alemania), una cita que cada dos años congrega a lo que podría llamarse la “crema y nata” de la investigación y de la industria (allá estuve de “nata” también yo). Aunque muchos de los temas podrían verse demasiado avanzados para lo que atañe nuestro día a día, para mí esta reunión es tanto en forma y en fondo un campanazo grande y una oportunidad de reivindicarme en mi carrera como “chica plástica”. De forma, porque al mejor estilo alemán, no se deja nada al azar y toda la organización del evento se lleva a cabo con tal perfección, que cualquiera pensaría que el futuro de la humanidad dependiera de eso. Y en fondo, porque es la oportunidad de oír y ver los últimos temas en que se está desarrollando investigación, y de participar en discusiones con la más profunda rigurosidad, tanto de parte de la academia como de parte de los industriales que asisten al evento; de ver que ideas que a uno le parecerían locas, como meterle hielo seco al plástico para espumarlo, de vez en cuando resultan en desarrollos plausibles, como bien lo resaltó mi amigo Iván López, quien junto con Alberto Naranjo, del Instituto del Plástico en Medellín, me acompañaron como los únicos latinos del evento.

Del evento podría escribir bien largo (de hecho si Natalia, la editora, me lo permite, lo haré). Pero por ahora hay algo que quiero resaltar, y es el prólogo que hizo el Profesor Christian Hopmann, director del Instituto, quien recogió las palabras de Antoine de Saint-Exupéry: “La perfección claramente no se logra cuando uno no puede añadir más, sino cuando no hay nada más que quitar”. Esta tendencia hacia la conservación de recursos, hacia el minimalismo, es uno de los motores principales del desarrollo actual en la industria plástica y el norte indispensable si queremos apostarle a aumentar el bienestar (o la disponibilidad de bienes) para un mayor número de personas sin acabar de paso con el mundo. En este sentido, el trabajo en materiales reforzados con fibra, en donde el aporte del IKV en los últimos años se ha destacado, es una oportunidad importante de negocio y de desarrollo.

Otras palabras de Hopmann que quiero recoger (bueno, estas sí son de él): “Nuestro mundo es complejo, rara vez planeable, la tecnología de plásticos ha llegado a su edad madura, y su mejora y desarrollo dependarán en gran medida de la cooperación interdisciplinaria”. Oír los requerimientos de los clientes, trabajar junto con otras áreas (farmacéutica, alimentos, industria automotriz, electrónica) para desarrollar soluciones minimalistas, este es el otro norte que marcó el evento.

Por último palabras mías (que si Saint Exupéry y Hopmann algo dicen, pues por qué yo no): el evento me recordó a mí misma que para innovar sólo se necesita tener una cabeza (que todos la tenemos). Que entre el desarrollo de una nueva idea y su implementación normalmente la mayor barrera es uno mismo, con sus temores, posiblemente fundamentados en el hecho de que hay pocos ejemplos alrededor de innovación. Posiblemente si uno estuviera rodeado de más aceptación, como en el IKV, donde tanta gente encuentra oídos para sus “ideas locas”, nos sería más natural. Pero como ya lo dijera mi padre, el talento está repartido igual en todas partes. Así que quiero terminar esta entrada a mi blog animando a todos los locos “ideadores” a no ponerse a sí mismos barreras, a apostarle a la cooperación para buscar esas ideas minimalistas que lleven a crecer en un mundo sostenible. Finalmente, como tantas cosas, todo es cuestión de actitud.

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