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Mayo de 2020 Página 2 de 3

Una empresa mediana de inyección frente al COVID-19

El fabricante IPROCOM tuvo que parar durante el cierre industrial generado por la emergencia sanitaria y nos comparte su experiencia. Habla de las dificultades que enfrenta, pero también de las oportunidades.

Aunque nuestra prioridad siempre ha sido garantizar la seguridad de nuestros colaboradores y de todas aquellas personas que ingresan a la planta como proveedores y contratistas, con la implementación del protocolo hemos ratificado nuestro compromiso por el cuidado de la salud de todas las personas que trabajan en IPROCOM y asumimos con total responsabilidad los nuevos requerimientos para operar de manera segura. Por esto, no vemos una disyuntiva entre la reanudación de las actividades productivas que contribuyen a la reactivación de la economía del país y la protección de la vida de las personas: ambas son necesarias.

TP: ¿Ve usted una oportunidad de sustitución de importaciones en la nueva coyuntura y con el precio del dólar? ¿Cómo pueden aprovechar las empresas esta oportunidad?

JCZ: El nuevo escenario económico mundial plantea muchas oportunidades para sustituir importaciones y fortalecer la industria nacional, como respuesta al encarecimiento del dólar y a la alta dependencia de los productos hechos en China que ha resultado tan nociva para muchísimas empresas y sectores, no sólo por tratarse del país donde se originó esta pandemia que tiene en jaque al mundo entero sino también por lo frágiles que se pueden volver las cadenas de abastecimiento tan largas.

En el sector industrial es frecuente hablar del Porcentaje de Integración Nacional (PIN) que equivale a la proporción mínima del costo de un producto que debe ser de origen local para poder certificar su origen y acceder a los beneficios tributarios que cada país haya establecido.

Hoy, más que nunca, los departamentos de integración nacional de las grandes empresas manufactureras -ensambladoras de motos, carros, electrodomésticos, entre otras- deben ser conscientes de que su función no consiste solamente en cumplir con un porcentaje de costo nacional para poder certificar el origen de sus productos, sino que son responsables, en gran medida, de la recuperación económica del país, abasteciéndose y generando empleo localmente. 

Sin embargo, esto no va a ocurrir de manera automática, pues los proveedores también deben poner de su parte para convertirse en aliados estratégicos de las grandes empresas y estar a la altura de los retos y exigencias de los proyectos en que participen. En mi opinión, el éxito del modelo de negocio de un proveedor industrial se fundamenta básicamente en tres aspectos: especialización, calidad y competitividad. En la medida en que un proveedor se especialice en la fabricación de un producto o en la operación de un subproceso, irá desarrollando un know-how que difícilmente alcanzarían sus clientes y sus competidores, lo que llevaría a fortalecer su posición en el mercado.

El aseguramiento de la calidad es un atributo no negociable para cualquier producto, pues refleja la estandarización de los procesos de fabricación y garantiza la trazabilidad; además, en muchos sectores es un requisito contar con varios sellos de calidad que al final se convierten en barreras de entrada frente a posibles competidores.

Por otra parte, la competitividad se logra cuando los proveedores aumentan sus volúmenes de producción debido a una mayor demanda, permitiéndoles alcanzar economías de escala en la negociación de materias primas y una mejor distribución de sus costos de producción. Es precisamente en este aspecto donde se esperaría un gran impacto positivo si las grandes empresas aumentan el porcentaje de integración nacional, puesto que el incremento en la demanda, además de ocupar la capacidad instalada de los proveedores, también conllevaría a viabilizar sus planes de inversión en maquinaria y tecnología.

Este es un gran momento para romper el círculo vicioso que ha llevado a las grandes empresas a no comprarle a los proveedores locales porque no son lo suficientemente competitivos frente a la oferta internacional, lo que a su vez ha generado que los proveedores no inviertan en maquinaria de última tecnología para aumentar su productividad, pues no van a ver incrementadas sus ventas y tampoco recuperarán las inversiones. Si hay demanda local, también habrá inversiones para generar productividad y competitividad.

TP: ¿Cómo ha afectado la coyuntura del COVID-19 las ventas y los planes de crecimiento de IPROCOM? 

JCZ: Debido a la incertidumbre generada por el COVID-19, el Índice de Confianza del Consumidor registró un balance de -41% en abril, que ha sido el nivel más bajo desde que se comenzó a realizar esta medición en Colombia hace casi 20 años. Este informe demuestra una caída dramática en la disposición de los consumidores a gastar e invertir especialmente en inmuebles y bienes de consumo durables, afectando los sectores de la construcción, la manufactura y todos sus encadenamientos productivos.


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